Queridas familias, estos días de confinamiento con mi hija adolescente, no he podido menos que acordarme de nuestros grupos de parentalidad positiva y pensar si la formación que impartimos con todas vosotras y vosotros habrá sido tan útil como para ayudaros a transitar de manera positiva el confinamiento con vuestros hijos e hijas, porque la verdad, no se me ocurre mejor manera de poner a prueba lo aprendido, que con esta situación que estamos viviendo y que en ocasiones, roza la ficción si no fuera por los datos de enfermos y fallecidos que nos traen cada día a la realidad.

No nos vamos a engañar, este confinamiento ha venido a poner a prueba nuestra paciencia, sabiduría, empatía, asertividad…. y todo lo que se os ocurra que tenga que ver con la parentalidad positiva. Una habitación cerrada a cal y canto como si de un bunquer se tratara, paseos al frigorífico, caras de asco por doquier y cambios de humor del cero al cien (a veces parece que hubiera una cámara oculta grabando para algún concurso de padres y madres con paciencia) forman parte de mí día a día, supongo que de muchos de vosotros y vosotras también, y es que, sin nos ponemos a pensar, la adolescencia y el confinamiento con la familia (con los colegas sería otra cosa), son como el aceite y el agua, no se pueden mezclar.

Una vez dicho esto, agradeceros la oportunidad que me permiten estas líneas para aportar mi experiencia personal y profesional, y de paso descargar también porque no, la frustración que también yo, como madre, siento  en estos días, porque claro está, como muchas veces hemos dicho en los talleres, una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica. Así, con la idea de acompañaros en estos días y de refrescaros parte de lo que os explicamos en los talleres, desde el equipo de Galkidea, hemos pensado que sería una buena idea plantearos porqué a hora más que nunca es necesario que empaticéis con la esencia de la adolescencia.

Recordaros que en la adolescencia los espacios propios y las relaciones sociales cobran mucha importancia ya que comienza la búsqueda de la propia identidad, para que esto ocurra, los y las adolescentes necesitan separarse de nosotros y nosotras como padres y madres, y esto en ocasiones es doloroso. Para nosotros y nosotras porque casi de un día para otro nos encontramos con otra persona diferente y para la que, aparentemente ya nos somos tan importantes. Para ellos y ellas porque esta búsqueda de identidad les lleva en ocasiones a la soledad de no saber quiénes son, por esta razón poder sentirse acompañados por sus iguales resulta tan reconfortante, ya que palia la soledad y puedo ver en los y las demás “como lo  hacen”, me sirven de espejo en el que mirarme

Por estas razones es normal que el confinamiento les haga estar más enfadados/as, aislados/as y sensibles de los normal, muchos de nuestros hijos e hijas ya habían  comenzado el camino hacia esa individuación y este encierro les ha dejado sin referentes, porque a nosotros y a nosotras ya habían empezado a “soltarnos”.

A todo esto hay que añadir la presión de las tareas escolares, incluso exámenes que tienen que realizar sin poder compaginar con vida social, deporte, ocio, aire libre… no nos engañemos intentar que las jornadas escolares sean las mismas que estando en el instituto va a ser una tarea titánica, sobre todo porque sus cerebros (acordaros en construcción), no pueden funcionar a pleno rendimiento como cuando llevaban una vida normal.

Con todo esto:

-No viváis los encierros en su habitación como un rechazo, necesitan esa intimidad para el camino que ya habían comenzado

-Como adultos que sois tomad conciencia de cómo estáis llevando esta situación, qué os supone haber perdido también vosotros y vosotras vuestra independencia, ya que si os ven con mucha ansiedad no se acercarán a vosotros y vosotras para apoyarse.

-Las redes sociales se han convertido en el único hilo que les une con sus nuevas figuras de referencia, flexibilizar las normas respecto de las pantallas, pero siempre con un control que palie los efectos negativos que un exceso de estas herramientas pueden ocasionar.

– Habrá asuntos en los que no vais a poder ser flexibles, por ejemplo dejarles salir de casa, se trata también de trabajar la frustración y poder recoger emocionalmente cómo se sienten cuando no pueden hacer lo que quieren.

-Echad mano del sentido del humor, pocas cosas hay tan efectivas para salir de esos momentos de tensión que, en ocasiones son tan absurdos que lo único que queda es reírse de uno mismo o una misma

-Toca acercaros a ellos y ellas de otra manera, podéis aprovechar para ver con ellos/as alguna película que les guste y que hasta ahora no habíais podido por falta de tiempo (les encantan las de terror), ordenar fotos de cuando eran pequeñitos y pequeñitas, aprovechar para hablarles de sus antepasados, de sus raíces…lo que se os ocurra que os sitúe ante ellos desde un sitio más cercano, menos normativo.

-Y lo más importante, cuando perdáis el control, que lo perderéis en más de una ocasión, recordad que se puede reparar desde la sinceridad y la humildad y esto no os hace más débiles frente a vuestros hijos e hijas si no más cercanos y humanos.

Es conveniente que todos y todas recordemos que esto no es una situación normal, más bien estamos ante algo antinatural, así que es necesario llevarlo lo mejor posible y sobretodo sopesar siempre qué es en cada momento lo más importante para nuestro bienestar físico, mental y emocional y el de nuestros hijos e hijas y esto pasa por dejar de lado cosas, por saber, más que nunca separar lo importante de lo que ahora mismo no lo es tanto, es momento de contener y contenernos, de cuidar y cuidarnos, de amar y de amarnos.

Viki Gracia Narvaiz

Educadora social, experta en terapia familiar sistémica y psicoterapia integrativa basada en escenas.