Estamos viviendo una situación atípica, nueva, que nos ha venido de repente, impuesta, que nos hace conectar con nuestros miedos. Una crisis sanitaria, que se ha convertido en una crisis social, económica, y decir también, que familiar y personal. Porque, como bien dice la teoría ecosistémica, la persona se desarrolla en su entorno inmediatamente significativo (familiar, económico, sociocultural, políticas sociales, y en esta situación concreta, estado de alarma). Los diferentes ambientes en los que se mueve la persona influyen consecuentemente en sus cambios y desarrollo cognitivo, moral y relacional (Bronfenbrenner).

Esta situación, a muchas personas nos ha hecho ponernos en alerta, en un sistema de supervivencia, y cada persona reaccionamos de diferente manera desde esta parte más primitiva de nuestro sistema nervioso. Hay tres maneras en las que nuestro organismo responde ante el miedo: huyendo, peleando o bloqueándonos. Así que en esta situación puede ser que nos hayamos puesto a la tarea y a hacer cosas sin parar; nos hayamos bloqueado y no hayamos sabido por dónde empezar a poner orden en nuestra vida; o nos hayamos encerrado en nosotros/as mismas en una tempestad de emociones.

¿Y qué ocurre con los niños y con las niñas? Ahora empezamos a escuchar las consecuencias emocionales y de desarrollo a causa del confinamiento. Yo añadiría al confinamiento, los miedos, las inseguridades, los cambios de rutina, la ausencia de relaciones sociales con sus iguales, y el nivel de estrés que muchas familias pueden estar viviendo. Porque recordemos: la crisis no es solo sanitaria.

Los niños y las niñas necesitan movimiento para que el desarrollo de su sistema nervioso se vaya dando. Necesitan el sentido vestibular, el propioceptivo, el tacto, la visión, la audición, el olfato, el gusto… Necesitan estimulación de este tipo para sentirse seguros y seguras en su propio cuerpo, seguros y seguras a nivel emocional.

Si sumamos falta de movimiento con un aumento del nivel de estrés, podemos encontrarnos con niños y niñas con regresiones, con ritmo de sueño y alimentación alterado, con labilidad emocional, con cambios emocionales repentinos. Síntomas naturales ante la situación que estamos viviendo. Es probable que incluso haya reflejos primitivos que se activen de nuevo, ya que uno de los factores de activación de los reflejos primitivos una vez que habían estado integrados es el nivel de estrés o trauma emocional.

En este caso queremos hablar del reflejo de moro y del reflejo miedo paralizador.

Al activarse el reflejo del Moro, los mecanismos de defensa están en alerta, se activan. El sistema nervioso simpático y las suprarrenales son estimuladas y las hormonas del estrés como la epinefrina, el cortisol y la adrenalina se segregan. Puede ocurrir un aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión sanguínea, y también que los sentidos se vuelvan hipersensibles a las impresiones externas (hipersensibilidad táctil, auditiva, visual, olfativa, equilibrio…). Cuando solo está activo el reflejo del Miedo Paralizador nos cerramos en el mundo. Cuando el reflejo del Moro está también activo, nos permitimos estar en el mundo y puede ser difícil filtrar todas las impresiones sensoriales. (Dr. Harald Blomberg).

A través de lo corporal, estimulando los sentidos mas primarios de nuestro desarrollo (propioceptivo, vestibular y tacto) y con ciertos juegos, masajes, y ejercicios específicos podemos ayudar a nuestros hijos e hijas, de todas las edades, a reducir el estado de alerta de su sistema nervioso y ayudarles a disminuir el impacto del estrés que les está produciendo esta situación.

Idoia Alzueta Alfaro

Trabajadora social perinatal y terapeuta familiar sistémica especializada en neurodesarrollo.